Pero la afición nos puede, nuestra afición y la de nuestros peludos compañeros. Pues de eso os hablo hoy.
13/08/17 06:45 a.m Cumplido relevo con la compañera. Y a todo gas hacia el pueblo de mis padres, hermanos, tíos, amigos... Mi pueblo en definitiva, donde cazo desde que con gomas y elástico preparábamos, aquellas carabinas lagarteras.
7:30Acabados los casi 100 km de recorrido, me preparo para el campo y recojo a nuestra protagonista, una perrita cruce de bodeguero y perra de aguas, gris ceniza y muy despeinada. Pero enérgica, cariñosa, con una potente afición. Hizo los dos años en julio, es su segunda temporada y aputa maneras desde cachorra a los zorzales. Se llama Vallekana, Valle para los amigos.

A las 8:00, arrancamos a cazar en un trozo de campiña, en su mayor parte de girasol y trigo ya segado, salpicados con algún olivar y viña, cobijando una cañada por la que transcurre, un arroyo seco por la acuciante escased de lluvia.
Bueno pues se imaginaran las escena, la Valle deseando correr, y yo deseando cazar, nos metemos en el primer lindero y mi compañera no ve linde ni rebusque, solo ve carreras. Pero miren que fortuna que en su carrera, topa con el asiento de la pareja de codornices, que arrancan como demonios a un metro de mi. No hace ni dos minutos q empezamos y por inesperadas, por ansioso, o yo que se porque, suelto los tres tiros y las dos a criar. Pero ni mi compañera ni yo, pensamos en dejar la cosa así, si se tenían que salvar se salvarían, pero las íbamos a pelear.
Observando el vuelo, las vimos (porque la granuja de ella, paro la carrera y también las miraba) echarse al fondo de la cañada, en el lindero de dos tierras de girasol cosechadas. Sin prisa pero sin pausa, fuimos bajando, yo conteniendo el paso y la perilla con ese trote lobuno de cabeza gacha, que permite cierto rastreo; hasta llegar al sitio.
Allí tras un par de azuzadas a la linde, Valle comenzó con su rastreo, que a la contra de muchos, hace con un alegre movimiento de cola, q frena en seco cuando lleva rastro, y así fue; paro el rabo, templo el paso, y aunque sin parada, me dejo hacercame, y prepararme y -¡anda!- prrrr ¡pam!.
No se lo q pude sentir al verla volver después de una loca carrera, con su pieza en la boca, la cabeza alta y una expresión que podía tomarse orgullo, en su cara y otra similar en la mía, que sin duda lo era.
Su primera codorniz cazada por ella en todos sus pasos, sin maestros cerca, me daba hasta pena quitársela.